Sombras nada más, por Rodolfo Porras


Toda sombra es el trabajo conjunto de la luz y el objeto que la proyecta. Los pintores y los dibujantes son dependientes de la sombra, es una manera de trabajar la textura, la forma y sobre todo la luz.

sombras6La sombra es obscuridad. Es la ausencia de luz proyectada. Si somos nosotros los que nos interponemos entre una fuente luminosa y el lugar donde se dibuja, la sombra es la continuación misteriosa de nosotros, un alter ego plano, sin luz, , como si fuese un espíritu mudo. La sombra es totalmente dependiente del cuerpo proyectado.

Tal vez por eso algunos sicólogos han utilizado la sombra como una manera de describir esas partes de nosotros que son obscuras. Un lugar donde depositamos nuestros secretos, nuestros miedos, las cosas que asumimos como defectos, como vergonzosas, como errores que no hemos debido cometer. El problema es que como la sombra que es hija de la luz, esa sombra metafísica, sicológica la proyectamos. Y para peor cosa la proyectamos en el otro. Le achacamos a ese otro lo nuestro que se refleja en él. Parece ser, según los estudiosos, que ese acto, aunque parezca estúpido, es inevitable.

También dicen que este asunto no sólo es de uso individual, parece que hay sombras familiares, sociales y hasta continentales. Ese tipo de secreto que a veces se murmura, pero que nadie toca frontalmente. Ese malestar que habita en algunas familias por algún hecho, se transforma en un desprecio por los otros y en una evidencia del propio fracaso, son sombras que pesan lo suyo de manera inevitable.

Las sociedades tienen sombras históricas pavorosas, que evitan mencionar. En “Cien años de Soledad” hay una referencia a una terrible masacre, que incluso en la novela se devanea entre el sueño y la memoria enterrada y resulta que el pasaje no es sino una verídica reseña histórica.

Las guerras que han azotado al planeta, por más documentadas, por más contabilizadas, por más referencia de momentos históricos que sean, son sobre todo sombras terribles, que pretenden esconder lo peor de la humanidad, sus más estúpidas ambiciones, sus movimientos más certeros para prolongar las injusticias. La amenaza de destrucción total, que ha convivido con la humanidad desde hace tanto tiempo, es una sombra que funciona como un pegoste callado, indestructible y que se proyecta en nosotros como la peor forma del poder.

En Venezuela un febrero luminoso, comenzó a desplegar su luz hacia el futuro de la gente. Y esa luz se ha reflejado y ha cambiado el continente. Y desde entonces unos enemigo obstinados, han intentado apagarla y han proyectado, durante quince años, cualquier cantidad de sombras para tratar de evitar que esa luz se propague. Y surge la paradoja: todas esas obscuridades sólo pueden verse proyectadas gracias a la luz que quieren opacar. Lo que han logrado hacer, así como con los pintores, es lograr una interesante presencia de matices y texturas. Pero son eso: sombras nada más.

 

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