Por qué el mundo necesita a los «raros»


palabras a flor de piel

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Los biógrafos de artistas encumbrados suelen construir una imagen sublime de las últimas palabras de aquellos, por ejemplo, el «¡Más luz!» de Goethe o el «Dios ayude a mi pobre alma», atribuido a Allan Poe. Inconforme con esas versiones oficiales, Johannes Richter se dedicó a desmitificar esas imágenes grabadas en mármol. «Detractor de los aforismos de último minuto», desentrañó las estampas torpes o espontáneas de muertos célebres, como el «¡Mierda!» que dicen que dijo Walt Whitman. Así ofreció una imagen más prosaica (y humana) de los iconos del arte, aunque hoy nadie lo recuerda.

Envidio a Richter y su oficio apasionante. ¿Que si existió? Qué más da. Luigi Amara lo trae a la vida en este experimento sobre seres estrambóticos que cuestionaron la uniformidad y a partir de aficiones descabelladas fueron considerados «raros». Los disidentes del universo (Sexto Piso) es un compendio de ensayos irrepetibles que presenta las motivaciones del esposo…

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