El Palacio del Marqués se vistió de amarillo: para alegría de algunos y disgusto de otros


palacio el marquezSamuel Leonardo Hurtado Camargo

El pasado 27 de septiembre y con este título nuestra amiga Marinela Araque Rivero publicó en su Facebook las primeras imágenes en las que se muestra el cambio de color del Palacio del Marqués de las Riberas de Boconó y Masparro, inmueble declarado Bien de Interés Cultural de la Nación, el cual en estos momentos pasa por un proceso de rehabilitación. Al respecto, y atendiendo al característico color -¿amarillo o verde?- del que hoy empieza a “vestirse” la otrora morada de José Ignacio del Pumar, considero pertinente plantear mi opinión sobre el particular.

Para quienes señalan que la intervención cromática de las fachadas de cualquier inmueble patrimonial no atenta contra los valores que determinaron su declaratoria por aquello de que es “reversible”, no es razón suficiente para que cambiemos “caprichosamente” el color de una edificación, más cuando hablamos de un bien en cuyas paredes se hallan presentes las huellas de la arquitectura colonial, republicana y moderna, -tres siglos presentes en uno- convirtiéndolo en uno de los espacios de mayor carga histórica y simbólica de nuestra ciudad que pertenece a todos y todas.

De acuerdo a las fuentes hasta ahora consultadas, conviene señalar la inexistencia de alguna normativa que regule el color que deba tener dicho inmueble, lo que sí es cierto, es que la franja de color azul que hoy ostenta el Palacio del Marqués es de fecha reciente, en términos generales, posterior al año de 1956, lo cual sintetiza al igual que nuestra ciudad, los cambios de gustos y estética de una época. No obstante, la tradición nos demuestra que su color blanco es característico de las edificaciones de origen hispánico, en donde las mayoría de las casas estaban primordialmente “enjalbegadas” o “encaladas” o bien eran pintadas de colores pasteles.

Desde su construcción (siglo XVII) hasta hoy día, el Palacio del Marqués había conservado el mencionado color (blanco), convirtiéndolo en uno de sus elementos más significativos que se mantuvo durante el proceso de su “reconstrucción” de 1936-1939 y durante su ampliación decretada en el año de 1956, quedando ampliamente reflejado en Las ciudades de las mansiones blancas de José León Tapia (2002), en el que se evidencia claramente cómo se ha configurado dicha idea en el imaginario barinés. Aspecto que en el mundo globalizante de hoy, es necesario difundir, por ser parte de nuestras características culturales y de la memoria histórica que nos permite identificarnos como barineses.

Por otro lado, es oportuno recordar que cada color tiene su propia significación, no en vano algunos son usados en ciertos espacios o en diversas ocasiones, acorde a los usos que se le dé. ¿Por alguna razón jamás vamos a encontrar una sala de lectura cuyas paredes se encuentren pintadas de negro?. Además, con eso de la “reversibilidad” no vamos a pretender cambiar de color a cada momento el Palacio del Marqués, como si tales intervenciones no fueran a afectar progresivamente a la edificación. Allí les dejo la reflexión.

hurtadosamuel@gmail.com

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