De ciencias sociales, orgasmos y vaselina


B A U B O

Por La Licenciada, especialista en ciencias sociales varias.

Cuando era niña me enseñaron que una mujer se cuida a sí misma por partes: que no te toquen ahí, que no te agarren allá, no enseñes acullá. También me enseñaron que el sexo es sinónimo de penetración y que ésta debería ocurrir únicamente cuando va de la mano de algo llamado amor. Seguramente, como resultado de mi interpretación de esas enseñanzas, pasé varios años cuidando estoicamente mi vagina del paso de algún pene no amado; mientras tanto, mi boca se encontró con pitos desconocidos, y uno que otro dedo, inofensivo a mi juicio juvenil, hurgó recorriendo mi vulva.

Ocupada en cuidar a quién entregaría el tesoro que, a mi entender, residía en algún lugar recóndito de mi vagina, cedí mi corazón y mi voluntad en no pocas ocasiones. Así, con la “virginidad” teóricamente sin mácula y el corazón existencialmente destrozado, fui…

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