De Mercedes Yánez Salazar


mercedes_3Uno a uno, los golpes que tus labios me dieron hicieron sangrar a la chamana.
Tu lengua desesperó cada pensamiento.
Eran premoniciones del adiós.
Me escapé por la ventana en luna nueva y atravesé el bosque con la luz de tus palabras, que siguen siendo ajenas.

_Son tan inmensos los horizontes.
Tan complejos los finales.
Tan inmediato el recuerdo.
Tan ventajosa la mala memoria.
Tan corta la vista..._ pensé sobre el acantilado mientras ella brotaba.
Cerré los ojos y ahí estaba.
La sentí justo abrazándome, acariciándome;
besándome apasionadamente pero con toda la ternura que su calma me regala.

Su delicadeza era el complemento de su respiración agitada. Estaba contenta por haberme decidido a encontrarla.
Sabía que estaríamos un largo rato sonriendo, casi llorando, entre sensaciones mudas.

Se hacía el momento de despedirnos y antes de regresar a su remanso me miró fijamente a los párpados cerrados y no sé cómo hizo, de verdad que no lo sé. Pero supo rozar mi alma. Lo juro. Y podría casi asegurar que usó su lengua. Me lamió el alma. Por qué lo haría, no lo sé. Pienso que fue una venganza contra ti. Pero ella misma me forzó a abrir los ojos y desapareció.

Las olas seguían chocando, la oscuridad se acababa y yo continué pensando: _…Tan corta la vista. Tan insistente la fuerza. Tan imponente la piedra en la que te has convertido._

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