Toulouse sintió la buena vibra de la Juvenil Teresa Carreño


Las entradas se agotaron, como esperaban los organizadores. Pasadas un poco las ocho de la noche, hora local en Toulouse, Francia, los 169 músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño tomaron el escenario. Fueron recibidos con el aplauso de un público que incluyó a algunos de quienes los vieron hace dos años en la misma tarima, venezolanos por el mundo, y nuevas audiencias en el Halle aux Grains.

El director Chistian Vásquez salió a escena, saludó como indica el protocolo y de inmediato levantó la batuta. Nadie le escuchó la voz, pero habló a través del movimiento sinuoso de sus muñecas, ese que daba indicaciones a los músicos sin necesidad de mover toda la mano, o de afectar el ritmo en la punta de la batuta.

Así sonó el «Carnaval romano», de Berlioz, para inaugurar la noche. Terminada la pieza, fue el turno de «Sobrero de tres picos», del español Manuel de Falla. Allí hicieron gala de su talento los encargados de la percusión, incluyendo las caastañuelas, y las arpas; tanto, que al finalizar la pieza, y antes del intermedio, los aplausos fueron más ruidosos al Vásquez presentar a sus ejecutantes.

Durante el interludio muchos se acercaron a saludar al maestro José Antonio Abreu, quien expresó su satisfacción por la gira de la SJTC por Europa. Dijo que en Alemania, Suecia y Portugal, los destinos previos, les había ido muy bien, especialmente en los lugares donde no conocían a la formación. Ahora el público de Toulouse la escucharía tocando «Sinfonía N° 5» de Tchaikovsky. Antes del concierto, el director dijo que era «la favorita del maestro Abreu»; a lo que el fundador de El Sistema contestó que «es uno de los más grandes de la música».

Los músicos retomaron el escenario. Tocaron. Emocionaron a los presentes y disfrutaron de un largo aplauso de hasta 10 minutos, que se hubiese extendido si lo que vino hubiese tardado un poco más en llegar. Las luces se apagaron, algunos gritaron sorprendidos. Al volver la iluminación, chaquetas tricolor vestían todos los músicos y el director. Era el momento de los sonidos del Caribe. Era el momento del «Mambo».

Fueron tres pasadas, incluyedo el «Mambo» de Leonard Bernstein y el de Pérez Prado, con bailes, risas y gritos incluidos. Fue una fiesta en la tarima. El maestro Abreu aplaudía con ritmo, el público lo hacía con furor. Catherine Maheo, directora de relaciones públicas de El Sistema en Francia, donde ya suman casi mil los niños y jóvenes integrantes, dijo que «el público francés suele ser muy reservado, pero aquí vi cómo hubo pasión, emoción y una explosión entre la gente». Sus palabras fueron respaldadas por Pascale Macheret, presidenta de El Sistema en Francia.
«Cada concierto

Ha sido mejor que el anterior, con más fuerza. Han ido in crescendo», dijo Christian Vásquez antes del espectáculo en Toulouse, con el cual cerraron su paso por Fracnia para viajar al día siguiente, muy temprano, a Londres para dos conciertos en la capital británica, además de actividades con muchachos de esa ciudad.

Yenny de Abreu, venezolana residente en París, donde estudia, viajó hasta Toulouse para ver a la Orquesta. «Es increíble. Dan ganas de llorar de la música hermosa que hacen». La estudiante, músico también en su infancia, levantó una gran bandera tricolor desde su butaca «porque es un orgullo venezolano gigante», y dijo que, conociendo ya al público francés, pudo notar «la euforia de hoy».

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