¿Es necesario darle un espacio al cine en el aula?


 Juan Escalante

Boy with movie clapper board¿Sucede en tu escuela que algunos profesores proyectan películas cuando tienen que reemplazar a un colega o al finalizar el bimestre? ¿Es acaso el cine una actividad “de relleno” en el aula o, por el contrario, podría ser considerada como una herramienta didáctica valiosa? Es verdad que alguna vez hemos usado videos en estas circunstancias, porque reconocemos, en principio, su efectividad, debido a su poder para entretener y captar fácilmente la atención de los alumnos. Por tal motivo, sería una gran idea utilizarlo como herramienta en el curso de Comunicación, en general, y en la aplicación del Plan Lector, en particular. No obstante, debemos tomar en cuenta ciertas consideraciones para que su uso sea fructífero, sobre todo en el desarrollo de la competencia lectora y, así, la proyección no quede como un simple pasatiempo.

Desde sus inicios, el cine atrajo la atención del público, gracias a la novedad que significó presenciar historias, primero solo mediante series de imágenes, y posteriormente con el complemento del sonido. Este hecho representaba una opción interesante para los lectores de novelas, cuentos, dramas, etc. Sin embargo, no existió un divorcio entre la literatura y el cine, sino, por el contrario, se estrecharon los vínculos, ya que este empezó a adaptar reconocidas obras literarias, debido a que estas garantizaban el éxito en taquilla, evitaban el problema de la censura (gracias a su prestigio) y ayudaban a reafirmar los valores de la clase media[1]. Los ejemplos abundan en todas las épocas. En los inicios, tenemos el llamado “teatro filmado” de George Melies y su Viaje a la luna (1902), desarrollada a partir de obras de Julio Verne y H. G. Wells. Posteriormente, surgieron las adaptaciones de las novelas de los realistas decimonónicos: Dickens, Tolstói, Zola, Flaubert y Maupassant. En épocas recientes, se han llevado al cine diversas novelas, como El  amor en los tiempos del cólera y Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez; La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras y Los cachorros, de Vargas Llosa; Charlie y la fábrica de chocolate, y Matilda, de Roald Dahl, entre otras, todas consideradas éxitos de taquilla.

Entonces, si el cine goza de tantos adeptos, ¿por qué no incluirlo dentro de las actividades del curso de Comunicación? Así la proyección de adaptaciones en el aula podría constituir una herramienta efectiva para desarrollar la competencia lectora.

En primer lugar, en lo referido a la motivación, generan un interés cuasi automático, debido a la atracción que el dinamismo de lo audiovisual ejerce en los escolares. En tal sentido, el cine es un potente estímulo para leer obras literarias, sobre todo en lectores iniciales, ya que podrían ayudarlos a comprender mejor toda la historia o algunos aspectos específicos.

En segundo lugar, y derivado de lo anterior, se logra una alta concentración, por lo que podríamos lograr tener una clase en la cual la mayoría participe al dialogar y formular preguntas de los niveles literal, inferencial y crítico-valorativo. Asimismo, podríamos detectar qué problemas de comprensión padecen nuestros alumnos, para ayudarlos con ejercicios específicos.

Paradójicamente, también es usual descubrir que algunos alumnos que se rehúsan a leer, se animan a comentar, interpretar y criticar las películas con solvencia. Finalmente, estudiosos como Coll, Selva y Sola “abogan por el uso del cine ya que facilita la experimentación e integración de los conocimientos lingüísticos, socioculturales e interculturales”[2]. Es decir, mediante la proyección de películas, los estudiantes aprenden vocabulario, gramática, sintaxis y otros aspectos de una lengua específica para, luego, compararla con otros idiomas.

Además, la clase es capaz de comprender las razones que fundamentan las costumbres, hábitos y comportamientos de diversas épocas, clases sociales y culturas; para luego contrastarlas con su realidad. De este modo, a través de la reflexión a partir de la comprensión, los estudiantes desarrollan, también, la tolerancia, el respeto y demás valores.

Sin embargo, para lograr que esta herramienta sea efectiva, los maestros debemos planificar las proyecciones. En otras palabras, es importante integrarlas en las unidades de aprendizaje, y precisar las competencias y capacidades que pretendemos desarrollar al visionar la película. Además, necesitamos tener clara cómo será nuestra sesión de clase: el procedimiento, las estrategias, el tiempo y los materiales que usaremos: la película, los afiches, las guías, las fichas, el proyector, el ecran, la computadora, el sonido, etc. Ninguno de estos aspectos puede ser improvisado, ya que de ellos dependerá el éxito de la actividad.

En el caso específico de la aplicación del Plan Lector, es de gran ayuda y vital importancia los visionados de películas (guías de trabajo), ya que incluyen aspectos fundamentales, tales como los datos generales (ficha técnica, argumento y personajes) y las actividades preliminares (enlaces para ver el tráiler y afiches, entre otros). Ofrecen también actividades posteriores a la proyección (comparación entre el libro y la película, preguntas de los tres niveles de comprensión, análisis de temas y elementos cinematográficos, reflexión sobre valores y conexiones con otras áreas del conocimiento). Asimismo, contienen sugerencias didácticas para el maestro.

Por ejemplo, si deseamos proyectar las películas Charlie y la fábrica de chocolate, Wiily Wonka y la fábrica de chocolate o Matilda, adaptaciones de los libros de Roald Dahl, podríamos hallar los visionados de películas en Internet[3]. Estos materiales permiten desarrollar la competencia lectora, ya que incluyen actividades previas a la proyección, las cuales buscan motivar e informar a los espectadores sobre detalles, tales como quién es el actor protagonista (Johnny Depp, Gene Wilder y Mara Wilson, respectivamente). Asimismo, contienen actividades para que los maestros las apliquen después de la película, tales como el análisis de temas centrales, discursos y fragmentos musicales de personajes, actuaciones y escenografía; la interpretación de escenas relevantes, la crítica de  comportamientos, y la reflexión sobre los valores más destacados.

Inclusive, podemos encontrar actividades de conexión con otras áreas; por ejemplo, el mapa para indicar dónde fueron hallados los billetes dorados para ganar el premio de una provisión de por vida de chocolates (Geografía), el link de la NASA para elaborar proyectos partiendo de los inventos de Willy Wonka (Ciencias) y la propuesta de elaborar un cartel para publicitar la película Matilda (Arte).

En síntesis, sería productivo incluir el cine en nuestras programaciones, ya que es una  herramienta didáctica efectiva en el aula, dado su poder para captar el interés de los alumnos. Además, porque es capaz de generar variadas actividades (sistematizadas en los visionados de películas) para desarrollar la capacidad de comprensión lectora a través de textos, imágenes y sonido. De esta manera, nuestras clases y, específicamente, la aplicación del Plan Lector se volverían más variadas, accesibles y atractivas.

Tomado de: http://www.colgadodelalectura.com/maestros-articulos/es-necesario-darle-un-espacio-al-cine-en-el-aula/

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