Los preferimos malditos


Ilustración: ULISES

Loreto Sánchez Seoane

«Danzaban las moscas sobre el vientre pútrido, de donde a millares surgían/ larvas que avanzaban, cual líquido espeso, por esos vivientes despojos/ (…)». Estos versos son parte de uno de los poemas en el que Charles Baudelaire alude al amor eterno, el XXXI de la colección ‘Las flores del mal’. El francés y Edgar Allan Poe vieron en la muerte la definición del amor eterno y de esta manera desarrollaron parte de su obra. Son los grandes escritores malditos, tan parecidos que Julio Cortázar llegó a afirmar que «eran un mismo escritor desdoblado en dos personas».

Poe murió solo, en un hospital psiquiátrico, tras encontrarlo medio loco en una calle de Baltimore, y a su funeral apenas fueron media decena de personas. Baudelaire no fue reconocido hasta meses después de morir y pasó los últimos años de su vida sumido en una terrible frustración por no recibir el reconocimiento que él creía merecer. Aunque son los dos nombres que ponen cara a los escritores malditos, no fueron los primeros en mostrar una perspectiva diferente, puede que más negra, pero a veces cálida. Como ellos, miles de autores han visto empequeñecidas sus obras por desdibujar los límites de la moralidad de su tiempo o por hacer sangrar al poder religioso o político.

‘No halagaron opiniones’

Javier Memba (Madrid, 1959) se adentra en la vida y obra de los grandes malditos, desde la Edad Media hasta el siglo XX en su libro ‘No halagaron opiniones’. Desnuda el carácter y el porqué de las obras de todos los autores que rompieron con los cánones de su generación y cuyos nombres, que en vida no alcanzaron el eco merecido, resuenan en la nuestra y con mucha fuerza. Empieza por los primeros poemas escritos en latín y cierra con Philip K. Dick y su ciencia ficción. «A menudo, los nuevos caminos fueron trazados por alucinados que, consciente o inconscientemente, puesto a exorcizar los fantasmas que les llevaron a coger la pluma, sirvieron de guías en los tiempos venideros», asegura Memba en las páginas de su último libro.

«La literatura maldita se hierve contra el canon. Se suele premiar, alabar, estimular a la literatura bendita. Pero con el tiempo, la primera, demuestra que puede tener una proyección más interesante». La bendita, en cambio, siempre se escribe al dictado de las normas.

Pero Memba no se centra en la poesía, la novela francesa del siglo XIX llama poderosamente su atención, «el malditismo que se encuentra sobre los novelistas franceses es muy llamativo. Muchos de ellos dieron su apoyo al gobierno de Vichy lo que les perjudicó fuertemente», comenta. Por el contrario, Ezra Pound no fue castigado por su fascismo, ni Pablo Neruda por su estalinismo, según comenta el autor en No halagaron opiniones. «De esta forma vemos que dependiendo de la época no se cortaba por el mismo rasero». Para él fueron los heterodoxos quienes abrieron los caminos por los que discurrió la edad de la razón frente a la ortodoxia del Antiguo Régimen y esto es lo que ha permitido que sus obras hayan sido la mejor influencia para los autores posteriores y que hayan sobrevivido durante décadas y siglos mientras muchos autores benditos, reconocidos en su época, «no se leen actualmente, muchos ni nos suenan», asegura.

http://www.elmundo.es/cultura/2014/06/22/53a1d489e2704e4a4b8b4590.html?cid=SMBOSO25301&s_kw=twitter

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