Hoy 5 de agosto se cumplen 438 años de La Grita


Néstor Melani Orozco

gritaTe ví, vestida de blanco y dentro de tu cuerpo viejo aun existían aleros y cimientos. Fue encontrar en tu vientre de madre lejana, antigua, del mismo barro de los cantaros de los babú y de las alamedas que rompían con sus lanzas y cruces a los verticales el transparente sentido sagrado de las nieblas. En el rumor de las voces del cuica y la simiente del sudor de tu raza. Ciudad del Llano de La Cruz en la posesión de los encantos y en la vida descrita en talladas memorias a dioses ocultos en las vasijas de las ceremonias…cuando del sol y la luna nacieron sus leyendas.

Ciudad antigua. Capital del gran estado de los Andes. Temple Humogria, Gobierno de Cáceres. Dueña de aquellos tesoros ahora mutilados, la misma que bautizaron los franciscanos como …“la comarca de las murallas”… y debajo de tu piel, venas ríos han bajado desde tus lagunas milenarias hasta llegar al sol pintado en una estampa convertida en espejos de tus aguas. ¡Grita nueva¡ ahora pecadora, tan santa como el nogal de un Cristo de Tadea y tan profana como las heridas de un toro en llamas; llevando paganos e hiriendo poetas. Borrando las huellas de tu acta bendita y trasladando los gritos que permitieron un día lejano tu nombre en los callados hechos de los árboles briscos milenarios. De las flores, amapolas de delirios y ventanas abriendo los ojos para saber algún día la eternidad del tiempo. Ciudad de las mocedades, la misma del primer juramento, la de siempre venida de las aguas. Cuando las noches parecieron describir la solemnidad estampada en los ideales, con estrellas y la luna, con vientos y silencios, de aquellos gritos que aun recorren sus callejuelas de las que fueron de piedra. Las mismas presénciales del paso de caballos y de sonadas en los fantasmas de sus siglos. Entre mares imaginarios, ancestrales y “un Barco encallado en la montaña y cubierto de Ilusiones”.

Las de los adobes del último alfarero. Cuan cristales huellas y corales asomando los rituales de cuatrocientos treinta ocho años, mientras el reloj de la torre de la iglesia deja una lágrima de amor en sus lamentos y por la calle real se bajan a escuchar el cantar de los gallos, cuando de conciertos nacen los acordes de una serenata, y en una esquina algún farol agoniza en sus intervalos. Es volver a levantar aquella cortina de cielos y en azul; por Dios se asomaran de encantos los luceros como queriendo dibujar los espaciosos sentidos de las estaciones, mientras laten de ensueños los corazones para volver a sentir las voces en coro de los seminaristas del claustro francés, aquel que mutilaron los inconcientes o debajo de la cripta aun gritan de espanto ahuyentando las estampas perdidas del pueblo. Grita de las rosas de Lucia, la que ahora ni siquiera saben de donde vino esa carta de amor o la misma oración del fraile arrodillado a un pedazo de madera para labrar un crucifijo como arrancado a la pureza del gótico o de los mantos manchados con cera en los hilos de Asís con espinas de alguna mosqueta de castilla.

Oh¡ Grita Purificada por tus manzanas de solares y casas de los versos escritos en el libros de los justos, aun cuando de alabardas izadas al credo o de espadas hiriendo nativos. Crecieron de brujas guirnaldas y llevaron los muertos antiguos hasta el llano del cura para purificar en crecientes los padres nuestros. Donde se formaron los hechos de vidas pasadas, dejando de suelos caminos y pisadas con olor de inciensos y sal bendita en los rostros eternos. De Bolívar de la justicia rompiendo en la guerra los surcos de aquella España Mora o entre sigilos comuneros vistiendo con los costales de los labriegos. Para gritar por América con cruces y antorchas, multitudes cantando la otra paz de las existencias. En el olor de las almojábanas, en la delicia de los vinos y en sacro destilar de aguardientes, desde los trapiches o hasta llegar a las armonías revividas por la pureza de las telas de las arañas. Grita nuestra del Cristo Barroco, gótico, infinito. Llevado por fin en los hombros de los peregrinos; cuando desde la cúpula vuelven a volar palomas y en nidos de ensueño, montañas, reliquias y emblemas.

Algún día señora de los andes tus hijos entenderán la sublime esencia de la humildad y la eternidad de tu historia para cuando retornen las horas a través de los campanarios en el destellar de sus bronces al azul de tus paramos, y allí demostrar que debajo de las alturas en nombre de tu dignidad existirán las verdades. Y de tus patrimonios, de tu necesidad ecológica y de tus hijos existirá la indudable fe a aquel Dios burilado en madera en el barro de tus tierras. Grita del Colegio de Jáuregui, aquella de la viga de oro en su columna centenaria para descifrar los secretos de un mito y de las crestas de sus sierras. La de las voces Dominicas, del portentoso Liceo Militar, del Instituto Civil. La herida por el recuerdo del Seminario Kermaria, la Universitaria Nueva. La que oyó desde sus plateas las ceremonias del viejo teatro de los Gandica y bajó de sus inviernos gotas de ternura en los libros sagrados y cultos del convento. La misma de Isaura, la que vio nacer himnos y canciones. La misma “Encanto del Pintor”, la que bailo sus Polcas, sardanas y bambucos, dueña de los valses y pasodobles. Aquella de los cronistas verdaderos. La de los besos escritos en una flor cuando de lunas se juró las promesas. La del herrero, el labriego, el panadero, el jurista, el sacerdote, el maestro. La misma de Borriquero, el Rosal, Pueblo Hondo, Sabana Grande, Llano Largo, Venegara, Aguadias, Tadea, Babuquena, de Mojotes. La de los nacientes de Cariquena. La de la Quebrada de San José quien vio cantar a los soldados de la revolución liberal de los andinos.

Grita del padre García gritando por tus calles. Dueña de los credos hermosos del primer maestro de escuela o del pulpito bendito entre aquel ramo de azucenas y las malvas de María pintada en un santuario de Ángeles. Pero ante todo la ciudad que no vio sentir a sus poetas y de la cultura lleva las heridas de sus valores, mas aun es la de una necesidad social para ser lo que fue y volver en un nuevo caminar sobre sus torrentes con verdadera ilustración.

Te volveré a contemplar pasando los siglos, y en la reliquia de plata se sentirán tus panales con miel de las abejas, con pan de los trigales, mientras aceites cubrirán las puertas gigantes del templo y en los ojos puros de los niños poseerá la verdad. Y volverán a encontrarse las manos de un peregrino nacido un día en la aldea con agua bendita de la lluvia del páramo.

Ahora 438 años son como adioses, a la misma de los forasteros, a la que llevó en sus rostros las semillas hortelanas y como quijotes tus profetas se fueron cantando en las despedidas para cuando volviese permitida del azul y los violetas en tus canas existieran las conciencias.

¡Quiero un día Grita Mía¡ decirte adiós en los sentidos de mi ser, de mi alma y llevarte como una memoria sagrada para no saber jamás como te han profanado, y de tus semillas, aleros, ventanas y casas; luces de un concierto, aromas de los bálsamos de las flores del campo y en las escalinatas de tus senderos las huellas de mis verdaderos hermanos, los que te han amado, los que aprendieron de tus heridas los llantos y un día al final del mundo decirte a mas ver. Para llamarte siempre: ¡Mía, nuevamente¡ Después del cielo La Grita Ciudad del Espíritu Santo…

…Universali patri pax vita e salus perpetua…

 

 

 

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