La canción de nosotros | Eduardo Galeano


Galeano 14-Tengo frío.

-Ponete así. Me gusta tenerte así.

-La pierna. Acá. Así.

-¿Estás bien?

-¿Y vos?

-Muy.

-¿De qué te reís?

-Para mí, fue una sorpresa. Quiero decir: después. Me parecía increíble que el mundo no hubiera cambiado. Me miré al espejo y yo tampoco había cambiado y me mordía los labios. Quise estudiar y no pude. Quise estar con mis amigas y no pude. Quise escribir cartas, quise trabajar. Quise dormir y tampoco pude.

-¿De eso te reís?

-No me bañé. Tenía tu olor en todo el cuerpo.

-¿De eso?

-No, no. Después te digo.

-Ahora.

-Entonces te lo digo. Lo bien que me caés. Eso.

-¿Eso?

-Mucho más que eso. Contigo no siento miedo de nada.

-Mirá que no soy una santa. Me como las uñas. Te advierto.

-El miedo es una porquería.

-Y sí. Pero, ¿quién no siente miedo?

-¿Vos sentís?

-¿Miedo de qué? ¿De que estemos así, como estamos?

-No sé. O sí sé. Siento, como cualquiera.

-Pero juntos, no. Juntos estamos a salvo. Al miedo lo ponemos bajo la suela del zapato y crash: lo aplastamos como a una porquería.

-Oigamé, Pirata. Prometamé, Pirata.

-La escucho. Prometo.

-¿En serio?

-Sí.

-Nunca vamos a dejar que esto se pudra. ¿Eh? No vamos a permitir nunca que esto se pudra.

-¿Nada más que eso? Es fácil.

-No.

-¿No qué?

-No es nada fácil.

-Tendríamos que levantarnos.

-Nos vamos a evaporar.

-¿No íbamos a ir al cine?

-¿Cuándo fue eso? ¿Ayer? ¿Anteayer?

-¿No Íbamos a bajar a comer?

-Sí. Tendríamos que levantarnos.

-Esto es mejor que Buster Keaton.

-Esto es mejor que todo.

-Ponete así. Así. Me gusta dormir así.

-Vas a dormir.

-No. Zonzo. Quiero que te quedes. Quedáte. Quiero.

-Yo también quiero. Cuando era chico, me alcanzaba con querer una cosa con muchas ganas, para que ocurriera. Cerraba los ojos, pensaba con todas mis fuerzas en eso que quería y zácale: ocurría.

-Hubieras probado.

-¿Como es creer en Dios Mariano? Nunca creí.

-Como creer en la revolución, me imagino. Te da la misma alegría y la misma sensación de no estar solo. Cuando era chico, yo no sentía miedo nunca. Pero un buen día… No, nada.

-Me gusta escucharte.

-Nada, Quiero decir que un buen día lo buscás y no está. Quiero decir: perdés a Dios como se pierde una cosa. Algo que se cae del bolsillo. Como se pierde un encendedor, así.

-Para mí, Dios era un señor de barba que metía miedo a los demás.

-Para mí no. Era mucho más que eso, para mí. Todavía no sé con qué se rellena ese agujero.

-Ahora es usted el que se puso solemne, Pirata.

-Puede ser, perdona.

-Pero…Estás triste. Te vino la tristeza.

-Sí estás.

-Sí. Estoy.

-No hay que hablar tanto.

-No.

-Uno no debería.

-Se arruina todo por culpa de las palabras.

-Sí.

-Mirá.

-¿Qué?

-Los pájaros, en la ventana, Hace rato que vienen pasando.

-Se va a venir tormenta, me parece, y nos vamos a mojar.

-Sí. Al irnos, nos vamos a mojar.

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