De Miguel Márquez


Nunca he deseado la identidad del tono,
El corte de las camisas, la bragueta de los pantalones,
He visto la irrealidad de los colores, de los mapas,
De todo aquello en la emisión de las señales,
Saltos que no tienen una razón en la ingle, brincos
Atentos a cada cosa que pasa por el sistema nervioso,
Imágenes, frases, citas, versos, párrafos, canciones,
Uno se entrega a lo que no podemos entender y habla
Con una voz parecida a la nuestra en tiempos diferentes,
Despierte la novia la mañana de la boda,
Ruede la ronda y en cada balcón una corona.
Amasijo de multitudes, mezclas heridas, calles muy solas.
En enero duelen los pechos, en febrero llegan las olas,
Uno siembra lo que tiene y no crece muy alto,
Con tres mitades piensan mujeres bellas que van rotas,
La sangre se hace sentir en el papel, en la página,
Gotea el musgo un sollozo que no quiere bailar, dime
Por qué te detienes en esa vitrina sin cuerpo ni rosas.
La unidad, cuál unidad, está hecha polvo y desaparece,
Yo la vi una vez mientras bailaba con una alemana
Preciosa, y cantaba como un hombre cuando está sobrio,
Húndete en el camino real y suda tus desperdicios,
Acaba con la suerte y haz de los jardines un grave malestar,
Y esto es un poema, un verso, una gruesa pesadumbre.
Así es todo o nada o yo o tú, tal vez nosotros. Quién sabe.

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