Consejos para presentarse a un concurso literario | letrasinquietas.es


Por Víctor J. Sanz

Recientemente he tenido la ocasión de ejercer las funciones de jurado en dos premios literarios de narrativa de carácter abierto e internacional y ello me ha permitido constatar que no todos aquellos que se presentan lo hacen con la mejor expresión de su obra.

A los concursos literarios se envía todo tipo de material, incluyendo aquellos trabajos que han sido sometidos a pocas revisiones o incluso a ninguna. Se envían textos con faltas de ortografía, algunas muy graves, otras no tanto; se envían textos en los que las frases adolecen de una flagrante falta de coordinación o que son transcritas directamente del habla oral; o se envían textos que se pretenden contenedores de historias pero en los que no se adivina la trama o la enseñanza o el descubrimiento que todo relato debe contener.

A la vista de muchos de los trabajos que he tenido oportunidad de conocer, me veo en la obligación de hacer un recordatorio obvio para la mayoría de escritores, pero no tanto para aquellos que dan sus primeros pasos en las letras. Un relato no es un sucedido, no es un chiste, no es una relación de hechos más o menos relacionados (a veces ni eso), ni es tampoco un resumen de una vida entera (ni de varias), ni tampoco es el reflejo fiel de todas y cada una de las cosas que se le pasan por la cabeza al protagonista. No, un relato, ya sea uno breve, una novela corta o una novela larga, es la narración de uno o varios hechos vividos por uno o varios personajes y en la que al menos uno de esos elementos participa de cierta singularidad que lo hace especial y, por tanto, digno de ser contado y compartido.

Así pues, aquí van algunas ideas a tener muy en cuenta a la hora de presentarse a un concurso literario, especialmente de narrativa, con la idea de ponérselo muy difícil al jurado:

SOBRE EL TEXTO QUE VAS A ENVIAR

Cuenta una historia y ve al grano. Si te pierdes en elucubraciones y divagaciones, probablemente también habrás perdido la atención del jurado.

No cuentes en un mismo texto todo lo que sabes de la vida, no se trata de un concurso de conocimientos. Utiliza los conocimientos para dar volumen y valor a tu obra, no para hacerla contenedora de los mismos.

Piensa si lo que estás contando en el texto merece realmente la pena ser contado, si tienes la más mínima duda, ni te imaginas la de dudas que tendrá el jurado.

Una vez que lo hayas terminado, repasa tu trabajo una y mil veces antes de enviarle nada a nadie y, si tienes oportunidad, haz que lo repase otra persona que no sea familiar ni amigo, vamos, que pueda decirte la verdad.

Cada frase importa. Dedica a cada frase todo el tiempo que puedas hasta que des con su mejor expresión. Cada frase solo tiene una forma óptima, tu trabajo es buscarla y encontrarla.

No te resistas a borrar todo aquello que no haga crecer tu texto, incluso aquellas frases que te lleven a pensar (erróneamente) que han ir grabando tu nombre en la lista de los Nobel de Literatura.

Cuando creas que ya lo tienes listo, lee el texto en voz alta, escúchate, exígete, si no te convence, ¿por qué crees que le va a convencer al jurado? No seas condescendiente contigo mismo y vuelve sobre el texto y mejóralo, seguro que puedes.

Por último, antes de meter el texto en el sobre o de pulsar sobre el botón “enviar” de tu programa de correo electrónico, lee por última vez tu obra y piensa una cosa: ¿criticarías la obra que tienes delante si la hubiera escrito otro autor y resultase premiada? Si es así, si la criticarías, no la envíes todavía porque no es perfecta. Envíala solo cuando consideres justo que tu obra ganase el concurso aunque la hubiera escrito otro autor.

SOBRE LA PARTICIPACIÓN EN EL CONCURSO

Si te piden un currículum o historial, solo te están pidiendo eso: el registro de tus logros en el mundo de las letras, tus publicaciones (si no tienes, tus colaboraciones), tus proyectos, dónde colaboras, si tienes un blog relacionado con el mundo de las letras y, por supuesto, si has conseguido algún premio anteriormente. Así que, no envíes una carta lacrimógena contando tu vida para dar pena al jurado. Estás participando en un concurso literario, no en un “reality show”, si han de premiarte, que sea por tus letras y no por lo dura que haya sido tu vida o por lo mal que lo hayas pasado. Incluso hay concursos que te descalifican si desde el envío hasta el fallo vas y te mueres.

Piensa que los jurados de los concursos tienen que leer muchísimos trabajos, por lo que no tendrán el menor reparo en descalificar aquellas obras que presenten dificultades para su lectura (si es en papel, por la calidad de la impresión o de la encuadernación; y si es digital, por la maquetación o el formato del fichero) o aquellas obras que les obliguen a releer porque inducen a errores o contienen ambigüedades o, simplemente, tienen tan poco interés que el jurado puede llegar a pensar si es que se ha quedado dormido leyendo.

Aunque parezca una obviedad, revisa con la máxima atención todas y cada una de las bases. Están puestas por algo y no para que te las saltes a la torera. Si te piden un texto con un máximo de 5 páginas, no te empeñes en enviar uno de 6, los jurados, hasta donde yo sé, saben contar. Tampoco recurras a trucos como retocar el tamaño de la fuente (esta suele indicarse con exactitud y concreción en las bases); o como hacer más amplios o más estrechos los márgenes (en muchos concursos también se especifican); o como ajustar el espacio de interlineado para que tu texto se acomode a las características solicitadas por el convocante.

Con todo, tienes que ser consciente de que por muy bien que hayas hecho tus deberes y por muy bien que te haya quedado el texto final, esto solo te garantiza que le darás un problema al jurado a la hora de decidir, pero no te garantiza que vayas a ganar, hay otras circunstancias ajenas al autor que influyen en las decisiones de los jurados, como por ejemplo, sus gustos y valoraciones personales de los textos o la calidad del resto de obras presentadas. Esto es aplicable a bastantes concursos considerados pequeños desde el punto de vista de la cuantía de su premio o de su prestigio. En el caso de concursos más grandes (siempre según el baremo de la cuantía de su premio), concurren otras circunstancias más espurias, como pueda ser el interés comercial que el convocante considere que tiene la obra. Esto puede darse en el caso de que detrás del premio esté una editorial, y especialmente en aquellos casos en que la cuantía del premio es muy alta, pues de la misma altura será la exigencia comercial para con la obra. En estos casos, el retorno de la inversión pasa a tener prioridad por encima, muy por encima, del valor literario que puedan tener las obras.

Tomado de: http://letrasinquietas.es/consejos-para-presentarse-un-concurso-literario/

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