Patrimonios en ruina: una constante permanente


Samuel L. Hurtado C.

Al realizar una hojeada sobre la historia de la ciudad de las “mansiones blancas”, nos encontramos que el abandono de sus edificaciones a finales del siglo XIX fue una contante permanente.

videntemente, en gran parte, producto de los efectos de la guerra de Independencia y la Federación, pero también, por el incumplimiento en sus funciones de las instituciones que debían encargarse de “velar” por el manteniendo y preservación de las edificaciones públicas existentes en la urbe, cuya responsabilidad recaía en los concejos municipales.

Tal era la situación, que el general Juan José Canales, presidente del estado Zamora (hoy Barinas), mediante comunicado fechado el 16 de enero de 1874, le hizo un llamado de atención al cabildo barinés sobre las mejoras y urgentes reparaciones que necesitaban los edificios públicos de la ciudad, los cuales corrían el riesgo de desaparecer.

En vista de lo anterior, fue conformada una comisión especial integrada por Antonio María Josillo y Tobías Gonzales, los cuales, a pocos días, presentaron un informe sobre el estado de conservación en el que se encontraban los edificios públicos de la ciudad, así como las posibles medidas para su recuperación.

Uno de las edificaciones que requería del “interés patriótico de unos de sus hijos” era la Cárcel Pública, hoy sede de la Casa de la Cultura Napoleón Sebastián Arteaga, la cual, estaba completamente arruinada, cuya existencia –según el informe-, se debía fundamentalmente a la “resistencia de los edificios públicos que formaron un tiempo el ornato de esta población”. Para su reparación, se recomendaba el establecimiento de un fondo constituido por los derechos de excarcelación y de las penas pecuniarias correspondientes al artículo 101 del Código Civil vigente. De igual forma, por sus apremiantes intervenciones, se recomendaba iniciar los trabajos con la asignación conjunta de recursos por el ejecutivo municipal y regional.

La casa municipal, ubicada en las adyacencias de la cárcel (hoy integrada a la Plaza Bolívar) también requería de urgentes reparaciones. Si bien, se recomendaba hacerlos con los fondos de dicha institución, se sugería “comisionar” al presidente del Estado Zamora, para que encargara la obra a un ciudadano interesado por “la cosa pública”, llevando si era posible “la formalidad de levantar un plano, o bien contratando el trabajo previa formación del presupuesto correspondiente”.

En mejores condiciones se encontraban otras edificaciones, tales como la Iglesia Parroquial y la sede del Colegio Bolívar, los cuales no requerían, por ahora, “medidas apremiantes”. Sin embargo, cinco años después, el abandono y estado “ruinoso” de la ciudad se había acentuado. Así quedó reflejado en una nota publicada en el periódico El Impulso, el 11 de septiembre de 1879, cuando José María Tapia Baldó describió la limpieza que en ese momento se estaba realizando en la “escombrada ciudad”, en la que aparecían las “grandes ruinas monumentales”.

hurtadosamuel@gmail.com

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