Un Puente del Yoga al Teatro | yogakai.com


Por Juan Laso

Hablar de Yoga y de Teatro es abrir dos universos paralelos. Abrámoslos:

-Yoga… Teatro…

Veo a ambas como una invitación a descubrirse más allá de los límites de la propia personalidad, de expandir la conciencia. Dos mundos, dos universos paralelos. El yoga del actor, el arte del yoga, el yoga dentro del teatro…

A partir de aquí desarrollaré los lazos, puntos de encuentro y relaciones entre el teatro y el yoga, que fui vivenciando y profundizando desde que me encuentro sumergido en estas aguas milenarias…

Tanto el teatro como el yoga son mundos muy amplios de conocimiento y expresión del ser humano pre-verbales. O sea, que antes de que los seres humanos se organizaran en el sedentarismo, se pusieran de acuerdo en los idiomas y comenzaran a construir las bases de las culturas y las sociedades, existía la necesidad de expresión del ser: los rituales, la comunión, la contemplación, la expresión artística y la comunicación con sonidos y movimientos. Estas fueron las semillas de las que crecieron estos mundos. La historia que fuimos viviendo como humanidad fue direccionando estos caminos, sistematizándolos, diversificándolos, abriéndolos y expandiéndolos. El yoga se originó en la India hace muchos miles de años, entre los ascetas, místicos y ermitaños que buscaban en la soledad de los bosques y las montañas evolucionar como seres humanos, desarrollando las potencialidades ocultas de la mente y el cuerpo, de las que generalmente utilizamos una pequeña parte en forma de prana, manteniendo otra gran parte de nuestra capacidad y energía dormida en forma de Kundalini.

El %90 de la fuerza de un pensamiento la pierde generalmente el ser humano, por lo que constantemente está emitiendo necedades o cometiendo errores. El hombre o la mente bien adiestrada no comete equivocaciones. Cuando la mente está concentrada e inmersa en si misma, nuestro interior es nuestro servidor, no nuestro dueño.

Los griegos aplicaban su concentración al mundo exterior y el resultado fue la excelencia y desarrollo en el arte, la literatura, la escultura y el teatro.

Los Indios se concentraron en el mundo interior, en los reinos invisibles del yo y desarrollaron la ciencia del yoga. El yoga controla los sentidos, la voluntad y la mente. El beneficio de su estudio es aprender a controlarse a traves del autoconocimiento en vez de ser controlado.

La mente parece estar formada por una y otra capa… Nuestro verdadero objetivo es atravesar todas esas capas de nuestro ser y hallar la conciencia universal. Es un intento por comprender a Dios dentro de nosotros mismos. Hay un lugar de nosotros en el que todos somos iguales, partes de la conciencia universal, el ego nos mantiene separados, el espíritu unidos, esa es una de las dualidades o contradicciones en las que vivimos y que tarde o temprano, hayamos evolucionado o no, la muerte nos obligará a resolver. En el teatro esto se demuestra también en el hecho de que todos los humanos de todas las épocas básicamente vivimos los mismos conflictos humanos, que tienen que ver con la muerte, el amor, el odio, los celos, el poder, y otras pasiones humanas que a lo largo de los siglos identificaron a los espectadores de diferentes épocas.

Cuando un hombre ha logrado el control de si mismo, no puede ser afectado por nada del exterior. Ya no hay esclavitud para él. Su mente es libre.

En el teatro tal vez sea inverso. La búsqueda constante de un estudiante de teatro o de un actor iniciado, de inventar nuevos personajes y vivenciar nuevos estados comienza generalmente en el “descontrol de si mismo”. Es la búsqueda de los bordes de la personalidad; de los estados más violentos, los más tristes, los mas amorosos, en definitiva es una larga búsqueda de ir transitando las pasiones humanas y los conflictos básicos del hombre, que son la materia prima del teatro y lo que sostiene dramáticamente una historia sobre el escenario y hace que el publico se identifique o emocione con un espectáculo mas allá de los limites culturales, ideológicos o temporales en que fue creado.

Esta también es una búsqueda de libertad mental en la que el actor va logrando, a veces, vencer sus condicionamientos mentales expandiendo las fronteras de su yo. La línea entre la expansión de la conciencia y la locura es fina, por eso es bueno adquirir la templanza necesaria para emprender este camino y siempre recomendable, tanto en teatro como en yoga el seguimiento de un buen maestro que nos guíe.

Muchas veces, en el territorio de las diferentes técnicas de actuación que se utilizan y se enseñan a la hora de componer un personaje, se plantea una interesante dicotomía en cuanto al método de trabajo. ¿El actor debe intentar convertirse en ese personaje o ser como un jinete del personaje que nunca pierde las riendas de si mismo?…

¿Hay que transitar la experiencia de las drogas para componer un personaje drogadicto? ¿Hay que engordar 20 o 30 kilos para un personaje que lo requiera? ¿Es necesario haber vivido una inmensa tristeza para poder transmitir ese sentimiento en una escena conmoviendo a la platea? Son interrogantes complejos de esta profesión que cuestiona algunas veces los límites de la personalidad. Porque así como el charango es el instrumento del charanguista, el cuerpo – mente – espíritu son los instrumentos del actor y también del yogui, que requieren limpieza y cierta afinación. En ese aspecto se vuelven a relacionar y a nutrir estos dos conocimientos sagrados.

La actuación es una representación. El teatro es una mentira en la que el público y los actores acuerdan creer para que la experiencia artística suceda. Algunas leyes implícitas del ritual teatral son que pase lo que pase en el escenario no puede ser absolutamente verdad. Es decir que si un actor se lastima y sangra (como me ha pasado en mi debut por el año 1996) el público no podrá ya aceptar el código teatral y esa verdad que sucede en el escenario, en este caso sangre, convocará toda la atención de los espectadores. Lo mismo ocurre muchas veces con la presencia de un animal o un niño, o una relación sexual verídica. No obstante el dicho lo dice: “hecha la ley, hecha la trampa”, y en la exploración de los actores hacia nuevas estéticas o formas de arte, muchas veces se traspasan esas leyes expandiendo las fronteras implícitas del teatro que ya de por si son amplias.

Sucedía que en la antigüedad a los actores se los enterraba fuera de los cementerios por el temor de la cercanía con lo diabólico o lo chamánico. Actualmente ha cambiado mucho el rol social que desempeña un actor. El pos-modernismo que estamos viviendo y el interés económico excesivo insulta y profana muchas veces lo que en otras épocas era sagrado. Templos como Machu Pichu y otros han sido vaciados y hoy se utilizan como shopings para turistas; El oficio del actor también está siendo vaciado de sentido. La televisión y el “cholulismo” desvirtúan en muchos casos este noble oficio transformador del alma humana, comunicador y hasta revolucionario. Como dijo Shakespeare en boca de Hamlet: “…El fin del teatro tanto en su origen como en los tiempos que corren, ha sido y es presentar, por así decirlo, un espejo a la Humanidad; mostrar a la virtud sus propios rasgos, al vicio su verdadera imagen y a cada edad y generación su fisonomía y sello característico.”

La expresión de los espíritus es una llama que quema por dentro creando la necesidad imperiosa de la creación (Brhama) y transformación (Shiva). Esta llama nos quema y nos ilumina desde los tiempos más remotos y creo que es el comienzo de los viajes que inició la humanidad en vehículos yóguicos o teatrales. Vehículos que correctamente direccionados son capaces de conducirnos en la escarpada ruta de la espiritualidad.

Habemus Papa, habemus actores, habemus yoguis

En la india, lugar donde ha surgido la ciencia del yoga, también hay una larga tradición de teatro. Para ellos existe el concepto de actor-sacerdote, para esto se requiere una gran preparación física, mental y espiritual que toma un mínimo de ocho años de entrenamiento antes de que el actor pueda representar la primer obra. En las obras se transmiten las enseñanzas védicas al pueblo y el actor debe estar muy preparado, llegando a la altura de poder encarnar personajes mitológicos y deidades. También poseen un gran conocimiento y manejo de los mudras que son sellos gestuales muy utilizados en el arte escénico Hindú para comunicar. La meditación es una parte primordial de la disciplina para los actores-sacerdotes que debido a la complejidad de los textos sagrados son los encargados de transmitir al pueblo este conocimiento mediante el teatro, siendo por eso los representantes de la palabra de Dios en la India. A la vez el trabajo actoral, considerado sagrado, se realiza con una gran devoción a los dioses y es muy respetado por la sociedad. Muchas veces las representaciones comienzan con tres golpes que realiza el actor pidiendo permiso a los dioses, al público y por último a la tierra para poder comenzar.

Aquí está íntimamente relacionado el teatro con el yoga estableciendo lo que podría ser el yoga del actor… la actuación como otro camino espiritual hacia la trascendencia.

Yoga Bhasta y Teatro Bhasta: No caigas en la desgracia

El sabio Patanjali definió Yoga Bhasta como caer de la gracia del yoga. Es el peligro que todos los practicantes corremos de ser engañados por nuestro ego creyendo haber llegado al final de nuestro sadhana. En otras palabras puede verse como que el crecimiento en la disciplina yóguica y la falta de humildad para aceptar los avances que podemos vivir como personas nos pueden confundir en el camino y conducirnos a un orgullo espiritual que nos haga retroceder en nuestra evolución y trascendencia del ego.

Patanjali no se refirió con sus palabras al teatro pero el mismo término de Yoga Bhasta podría pensarse como Teatro Bhasta, ya que es un arte que puede traernos mucha confusión al ego. La necesidad de aplausos o reconocimiento, la búsqueda de fama y dinero, la constante mirada del otro, el vínculo con los colegas tantas veces inundado de competencias, los elogios y las críticas, la aparición en los medios de comunicación, las diferencias de protagonismo, la susceptibilidad y los vínculos de poder funcionan como verdaderas trampas para el ego del actor que también pueden confundirlo y hacerlo caer en un Teatro Bhasta, un desierto espiritual donde el profundo sentido de la actividad se pierda en manos de otros fantasmas o de su propia vanidad. Tanto el actor como el yogui deben desarrollar la auto observación y poner un esfuerzo extra en la disciplina, continuando siempre con la práctica para poder seguir en el camino hacia la visión del alma y no confundir la verdadera Luz con luces de colores con las que iluminamos nuestras farsas y escenarios.

“¿Para dónde es Roma?”

Después de tanto pensar si el yoga es un arte, una ciencia, una filosofía, una disciplina, una unión, una terapia, una forma de vida, una gimnasia psicofísica, un accésit espiritual, o una búsqueda de equilibrio… Llegué a la conclusión de que para mí el YOGA es un viaje. Si astronauta es el que viaja por los astros yoga nauta es el que viaja por el universo del yoga, atravesando las carreteras de la espiritualidad, siguiendo la línea blanca intermitente y buscando un camino a la Realización, que también tiene muchos nombres y aún no le encuentro el mío.

Todos los caminos conducen a Roma aunque pocos han llegado. El tránsito se embotella con facilidad y a veces parecemos turistas queriendo llegar a Mar del Plata al comienzo de la temporada. Con el tiempo todos vamos a llegar. Eso dicen. Eso leí. Buen viaje y nos reuniremos al final de la vida.

Tomado de: http://www.yogakai.com/articulos/yogateatro01.htm

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