Confesión de una bala perdida


SALTO AL REVERSO

Son las doce de la medianoche. No sé cuándo voy a detenerme. Solo escucho el quejido del viento raspando mi cuerpo plateado mientras continúo el viaje a toda velocidad en este vacío. Tantas veces he tratado de no dejar que José me manipule o hiera  mis sentimientos.  Al final del día, él permanece invicto. La  infidelidad con sus dos amantes imaginarias siempre lo confunden. Estas dos rameras tan distintas, como dos polos opuestos en su mente, lo enloquecen; una sumisa, deprimida, coleccionista de tristezas, la otra eufórica, tóxica y maniática.  No hay duda que las somete a las dos con maestría. Lo riesgoso es que él piensa que su enfermedad de bipolaridad está en equilibrio, automedicándose.

Él es implacable cuando me lastima y me obliga a actuar en contra de mi voluntad. Permanezco muda, sigo sin pausa, sabe Dios hacia dónde. Si alguna vez me hastío de tolerar sus golpes, espero no sentirme culpable…

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