En Barinas a las mujeres no les estaba permitido salir de noche


Marinela Araque Rivero

Durante la tercera y cuarta década del siglo XX, las jefaturas civiles del estado Barinas recibieron innumerables trámites sobre asuntos civiles de los habitantes de los diferentes municipios que conformaban la entidad federal.

Es interesante observar como en este período se fueron registrando numerosos  hechos que atentaban contra el orden reinante, la moral y las buenas costumbres. Así es como los robos, la violencia doméstica, la alteración del orden público y algunas infidelidades, entre otros delitos, pasaron a ser parte de  la cotidianidad barinesa.

Era notable, la asimétrica relación de género en las que los permisos para ingresar a sitios públicos en determinadas horas del día era sólo permitido al hombre. También se puede percibir, cómo  la picardía o viveza criolla estaba presente en la sociedad.

Por ejemplo, nos encontramos con el caso del señor Acosta, quien era propietario de un establecimiento de lotería en la ciudad. Al sentir que habían sido vulnerados sus derechos, acudió el 1 de julio de 1940 a la Jefatura Civil del Distrito Barinas para hacer una denuncia formal.

La imputación planteaba, que se encontraba en su local comercial como a eso de las 7 y media de la noche del día 28 de junio acompañado de unas damas y de unos amigos, cuando el agente policial de apellido Hernández acompañado por cinco oficiales más, entró a su negocio y le expresó que iba a meterse a la casa a sacar a las mujeres, pues a ellas se les había dicho con anterioridad que después de las 7 de la noche no les estaba permitido visitar ningún establecimiento público.

Acosta al ver la intención del policía les dijo a las jóvenes que se fueran para el reservado del local que estaba en la parte de atrás.  El policía Hernández le replica al comerciante que saque a las mujeres fuera del local, porque si no iba a entrar.

El comerciante le contesta que no podía meterse al negocio porque esta era su casa, de la cual era el dueño absoluto y ellas se encontraban ahí con su consentimiento. El policía, un poco incómodo por la situación le refuta, ¡saca a las mujeres para afuera del local y me las entregas! Acosta le expresa, ¡no las saco!

En esa discusión duraron unos minutos. El policía que las sacara. Acosta, que no.. Hernández un poco molesto porque Acosta no cumplía sus órdenes le dice, ¡tú lo que eres es un apoyador de sinverguenzuras!

En vista de la actitud del policía, y temeroso por lo que  se pudiera presentar, Acosta conversa con sus amigos presentes y resuelve decirles a las mujeres que salieran para la calle. Situación que aprovechó el policía Hernández para darles la voz de arresto y ordena a los demás agentes que lo acompañaban que metieran a las mujeres en la camioneta de la seguridad pública. Inmediatamente, fueron conducidas a la comandancia policial.

marinelaaraque71@gmail.com

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