De Mercedes Yábez Salazar


mercedesDesconfié de un par de pasos
que me acercaban a tu boca,
pués no corrían tus dedos por mi espalda,
no me buscaba tu mirada
ni se preparaba tu barba
para recibir el jugueteo inocente de mis uñas.

Temí que tu lengua se escondiera.
Que tus ojos no cerraran.
Incluso que no me observaras si quedaban abiertos.

Pero ahí estabas…
A un par de pasos de distancia.
A una decisión
atrevida,
valiente,
arriesgada.
Estabas ahí como siempre.
Como si no estuviera acechando tu hombría feminista.
Como si nada.

La noche se ha desvestido y tú,
atónito la contemplas
y no puedo evitarlo.
La envídea me perfuma de pecadora.

No faltó nada más.

Olfateaste mis pecados
intentando lamerlos suavemente.
Y derepente tu barba sintió
sutilmente el roce de mis uñas.
Tus dedos conocieron la
hendidura en mi espalda baja.
Tus ojos se cerraban cada vez
que un gemido me delataba
y abrían cuando mis dientes
mordían la verdad de tus labios.

Tu lengua contorneó
minusiosamente la redondez de mis pesones
mientras una de tus manos
apartaba mi blusa azul oscuro.

Yo apretaba los cabellos de tu nuca.
Tú llevabas tu otra mano a mi tobillo

y acariciando mi pierna
por debajo de la falda
lento
poco a poco,
llegaste a mi entrepierna
y fue entonces
cuando besé por primera vez tu sonrisa
tras haberte dado cuenta que no traía pantaleta.

Mi abuela decía que el hombre
es incoherente cuando ama…
supongo que a eso se deben
los intentos de palabras
que escucharon toda la noche
mis oídos.

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